“La sobrecarga de estudios, lejos de convertirlos en los niños aplicados y exitosos que quieren los padres, termina generándoles problemas de ansiedad, estrés y depresión.
Por tal motivo, los padres deben regular la carga académica y evitar que el niño se sature con talleres y clases particulares. Es bueno estar mejor preparado, pero eso no significa suprimir las horas de ocio.
“Si el niño ya está haciendo algo que le demanda tiempo y energía, y para colmo le quitan algo que sí disfruta, al final se desmotivará y no rendirá bien”, explica la especialista.
En tal sentido, hay que hacer espacio para que los hijos practiquen deportes, disfruten sus juguetes e, incluso, accedan a videojuegos (bajo atenta supervisión, claro está). “También es saludable jugar en familia. Eso mejora la comunicación y estrecha los vínculos”
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